Imagina un triángulo entre sofá, mesa auxiliar y librero. Ubicar la vela en un vértice upwind permite que el aroma se deslice hacia el centro de reunión. Evita duplicar intensidades frente a frente, porque chocan y crean zonas densas. Alterna ciclos de quince minutos encendida y cinco apagada para evitar fatiga olfativa. Si llega visita, añade distancia en lugar de más llamas, y privilegia fragancias limpias que no compitan con conversaciones.
El ventilador de techo en velocidad mínima ayuda a mezclar capas sin agredir la llama. Apunta las palas para que el flujo baje suave, mezcle en espiral y suba por laterales, distribuyendo equilibrio. Complementa con difusores pasivos cerca de zonas frías, así las esquinas no quedan mudas. Evita corrientes cruzadas violentas desde puertas opuestas; si existen, orienta pantallas o biombos para romper el chorro y preservar la estabilidad aromática.